CARCELES Y RECREACIÓN (1ª PARTE)
A través de Venezuela se oye un grito común, el grito desesperado de aquellos que día a día luchan por sobrevivir al mundo voraz enfermo y terriblemente doloroso, producto del ataque imperial despiadado, es el mundo del barrio, de la comunidad, es el mundo que se traduce en las lágrimas de las madres y hermanas, hijas y esposas cuyos hijos matan y mueren en una guerra cuyos cuarteles parecen haberse descubierto en este año 2011 en las cárceles venezolanas.Según las cifras no oficiales el “negocio” carcelario produce diariamente dos mil quinientos millones bolívares fuertes, es por tanto una industria poderosa, fuerte y estratégica para muchos poderes y poderosos mundiales, por ende necesita ser atendida cuidadosamente y en especial necesita año tras año que la extracción de materia prima no se detenga, sino que como chorro de petróleo inunde los barrios, las calles, los cerros, los campos de Venezuela, lo más terrible de este negocio fatal radica allí, en esa producción macabra de materia prima, precisamente porque la materia prima de este negocio mil millonario es la vida de miles de jóvenes, hombres y mujeres, pobres y negros, esclavizados en un mundo de muerte, corrupción, violencia, drogas, prostitución, decadencia, pobreza, muerte, muerte, muerte.
Muchos hablan de acabar con la delincuencia, pero pocos saben en realidad como hacerlo, pareciera no haber fórmulas mágicas o no que permitan de una vez por todas deslastrar la patria de este río de sangre que corre diariamente y que enluta no solo a las familias de las víctimas, sino que enluta a la nación, enluta al mundo, enluta a la humanidad, que es en definitiva lo que pareciera haberse perdido, no hay humanidad o no hay respeto por la humanidad, la vida no vale nada, no somos nada, no creemos en nada, solo alguna que otra imagen nos trae remembranzas falsas de los que pueda quizás ser un mundo espiritual y así entre las bendiciones del santo malandro o de las tres potencias se persignan los jóvenes que matan y los jóvenes que mueren, en un carnaval de sangre, parecieran de pronto ofrendas a alguna terrible deidad enfurecida, deseosa de venganza.
Pero ¿quiénes protegen la industria? ¿Quiénes son los que mantienen a estos miles de jóvenes “trabajando” año tras año, arriesgando la vida, sin derechos laborales, sin cesta ticket, sin honorarios, un trabajo de 24 horas y casi sin ganancias y la jubilación por lo general les llega muy jóvenes y con pasaje directo a un asilo permanente denominado cementerio. ¿Cómo logran que un trabajo tan terrible sea atractivo a tantos y tantos?, ¿cuál es su fórmula mágica?
A esa pregunta le damos respuesta con una sola palabra: RECREACIÓN!
Seira Lakshmí Belisario
PRESIDENTA
Comentarios
Publicar un comentario
Te gustó? déjanos tu comentario!