A través de Venezuela se oye un grito común, el grito desesperado de aquellos que día a día luchan por sobrevivir al mundo voraz enfermo y terriblemente doloroso, producto del ataque imperial despiadado, es el mundo del barrio, de la comunidad, es el mundo que se traduce en las lágrimas de las madres y hermanas, hijas y esposas cuyos hijos matan y mueren en una guerra cuyos cuarteles parecen haberse descubierto en este año 2011 en las cárceles venezolanas. Según las cifras no oficiales el “negocio” carcelario produce diariamente dos mil quinientos millones bolívares fuertes, es por tanto una industria poderosa, fuerte y estratégica para muchos poderes y poderosos mundiales, por ende necesita ser atendida cuidadosamente y en especial necesita año tras año que la extracción de materia prima no se detenga, sino que como chorro de petróleo inunde los barrios, las calles, los cerros, los campos de Venezuela, lo más terrible de este negocio fatal radica allí, en esa producción macabra de ma...